Autor: Maikol Sánchez
Fecha: 24 mar 2026
El Gran Valle de San Juan ha sido históricamente reconocido como el "Granero del Sur" en la República Dominicana. Sin embargo, al encontrarnos en marzo de 2026, la realidad que enfrentan nuestros productores agrícolas dista mucho de la abundancia de décadas pasadas. El cambio climático, manifestado en ciclos de sequía cada vez más prolongados y patrones de lluvia erráticos, ha puesto en jaque la seguridad alimentaria de la región y la estabilidad económica de miles de familias sanjuaneras.
El principal obstáculo que enfrenta la agricultura en nuestra provincia es la gestión ineficiente del recurso agua. A pesar de contar con infraestructuras de riego que en su momento fueron vanguardistas, la falta de mantenimiento y la ausencia de una cultura de tecnificación han provocado que gran parte del agua se pierda antes de llegar a los cultivos. El riego por inundación, todavía predominante en muchas parcelas de habichuelas y cebollas, es un método que hoy resulta insostenible ante la escasez hídrica que golpea a toda la cuenca del Yaque del Sur.
La tecnificación no debe verse como un lujo, sino como una necesidad de supervivencia para el sector agropecuario. La implementación masiva de sistemas de riego por goteo y microaspersión permitiría optimizar cada gota de agua, aumentando la productividad por tarea y reduciendo los costos operativos. Sin embargo, para el pequeño productor de zonas como Lava Pies o los distritos municipales aledaños, acceder a esta tecnología es casi imposible sin un apoyo estatal decidido y programas de financiamiento con tasas blandas adaptadas a los ciclos de cosecha.
Además del aspecto técnico, existe una dimensión educativa crucial. Como comunidad, debemos entender que la protección de nuestras fuentes de agua comienza en la parte alta de la cuenca. La deforestación y la agricultura de montaña sin control están afectando directamente el caudal que llega a nuestras presas. Es urgente que las asociaciones de regantes y las instituciones gubernamentales trabajen de la mano en un plan de reforestación y conservación que garantice el agua para las próximas décadas.
En conclusión, el futuro del Valle de San Juan depende de nuestra capacidad para adaptarnos. Si logramos combinar el conocimiento ancestral de nuestros agricultores con las herramientas tecnológicas modernas y una gestión política transparente, podremos asegurar que San Juan siga siendo el motor agrícola del país. La meta es clara: producir más con menos agua, protegiendo nuestro suelo y garantizando la rentabilidad para quienes con su sudor ponen la comida en la mesa de todos los dominicanos.
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| VALLE DE SAN JUAN |
