Autor: Maikol Sánchez
Fecha: abril, 7,2026
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| Mineria |
Actuar como si la minería fuera la panacea de los problemas nacionales es una falacia peligrosa. No se puede hablar de “vivir bien” en un país cuyas reservas forestales desaparecen, cuyas fuentes de agua se contaminan y cuyos territorios quedan irreversiblemente degradados.
No podemos, como dice el refrán, desvestir un santo para vestir otro.
Las empresas mineras extranjeras no llegan con vocación de país. Llegan a extraer, a maximizar ganancias y a marcharse. No heredan aquí, no viven con las consecuencias. El suelo erosionado, los ríos muertos y las comunidades enfermas no viajan con ellas. Eso queda para la posteridad dominicana.
Presentar la minería como solución mágica ignora una verdad incómoda:
el problema del país no es falta de recursos, es corrupción y mala gestión.
¿Cuántas onzas de oro se perdieron en el desfalco de SENASA, Educación, el ITLA, Agricultura o en los préstamos internacionales de los últimos cinco años?
Si esos recursos no se los “tragó” la tierra, sino la corrupción, ¿por qué insistir en sacrificar el medio ambiente en lugar de corregir el saqueo institucional?
El argumento fiscal: cifras sin contexto
Se repite que en 2025 la minería aportó más de RD$40,000 millones al fisco. Es una cifra real, pero incompleta.
No se contabilizan:
• Los costos ambientales irreversibles
• El impacto en el agua potable
• La pérdida de soberanía territorial
• El daño a la agricultura y al turismo
• Los gastos futuros en salud pública y remediación ambiental
Ese dinero no es ganancia neta, es ingreso bruto a corto plazo a cambio de pasivos ambientales a largo plazo.
Exploración hoy, devastación mañana
Se pretende tranquilizar a la población diciendo que los permisos son “solo de exploración”. Pero la historia latinoamericana es clara:
donde se explora, se presiona para explotar.
La exploración abre la puerta política, económica y jurídica a proyectos extractivos que luego se imponen sobre comunidades y ecosistemas. Celebrar la exploración sin discutir sus consecuencias es como aplaudir el filo del machete antes del golpe.
El falso dilema
El debate no es “minería sí o minería no” planteado como chantaje moral.
Pero tampoco es aceptable reducirlo a “cómo explotarla mejor” ignorando que hay territorios ecológicamente intocables, especialmente zonas de recarga hídrica y reservas forestales.
La sostenibilidad no es una palabra mágica para justificar cualquier extracción.
Hay recursos que simplemente no deben tocarse, porque su valor como agua, bosque y vida supera cualquier renta minera.
Pobreza no se combate destruyendo el futuro
Nada es más inmoral que un país rico en naturaleza que decide empobrecerse ambientalmente para sostener un modelo económico corto de visión.
La verdadera inmoralidad no es “dormir sobre el oro”, sino quemar la casa para vender las cenizas.
El desarrollo real no se mide solo en pesos recaudados, sino en:
• Agua limpia garantizada
• Seguridad alimentaria
• Salud pública
• Territorio habitable para las próximas generaciones
Sin eso, no hay oro que alcance.
La minería presentada como salvación nacional es un espejismo peligroso.
Un país serio combate la pobreza cerrando la corrupción, no abriendo minas en sus pulmones naturales.
Entre la devastación y la parálisis, el verdadero camino responsable empieza por defender la vida.
